Cuando las Selfies son nocivas


Ahora que las selfies se han convertido en una manía, los expertos sostienen que esa sobreexposición en Internet puede ser un claro síntoma de ciertas patologías. Simplemente debes estirar los brazos, posicionar la cámara y, con un solo clic, listo: te has  tomado otra selfie. La moda de tomarse autorretratos con teléfonos inteligentes o webcam, para luego publicarlos en las redes sociales parece haber llegado para quedarse.


Hay cosas que son innecesarias, que no le interesan a nadie, pero que todavía se publican. Todo el mundo quiere mostrarse, es lo que sostienen muchos expertos en el tema. Las selfies son más de lo mismo. La persona se expone a sí misma y, muchas veces, a personas que no desean esa exposición, como es el caso de las selfies post sexo. Para éste último caso, los psicólogos sostienen  que no hay manera lógica de entender la necesidad de hacer público el momento más íntimo de la vida personal.

Escape de la realidad
La moda de las selfies puede verse como una evolución de la conducta humana en relación con la tecnología. Sin embargo, cuando hay una desviación de la norma, es posible que algunas personas desarrollen una adicción a estos auto-retratos.

Hay personas que llegan a publicar más de diez selfies en un solo día y, cuando no lo hacen, sienten una especie de síndrome de abstinencia. Varios problemas pueden conducir a la necesidad de  esta exagerada exposición en las redes sociales. Entre ellos, la soledad, la baja autoestima, la depresión y la fobia social.

Aquellas personas que viven una vida “real”, concreta, no tienen mucho tiempo (tampoco la necesidad) de publicarla en Internet. Cuando se trata de la baja autoestima, el querer aparecer demasiado es una estrategia de supervivencia, adoptada en la búsqueda de la aprobación del otro.

Escape de la infelicidad y pérdidas en la vida real
Para evaluar cómo el uso de las selfies puede ser nocivo, más importante que el número de publicaciones de esos autorretratos es la intención de la persona en divulgarlos y cómo ello afecta su vida.

El criterio tiene en cuenta el daño social, físico y profesional. Algunas personas dejan de trabajar o bajan su rendimiento en el estudio, porque no pueden desconectarse de ese mundo. Necesitan chequear constantemente si sus fotos han obtenido récord de Likes, si fueron aprobadas por sus “amigos”. Si no lo logran, se frustran.

Se necesita saber la inversión emocional que la persona pone en sus selfies. Si ella cambia de ropa y hace 50 poses diferentes para elegir una foto, esta es una conducta fuera de la normalidad. Los trastornos de personalidad, como la bipolaridad, también pueden llevar a la exposición excesiva en Internet. Es el momento de repensar los límites entre público y privado.

Piensa ¿Por qué es necesaria esta rendición de cuentas a la sociedad? Por ahora, tenemos más preguntas que respuestas.

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